Desde principios del siglo XX y mucho más durante la Guerra Fría, Estados Unidos no solo intervino militarmente, sino que también impulsó, financió o apoyó golpes de Estado contra gobiernos considerados hostiles a sus intereses:

Guatemala (1954): la CIA dirigió un golpe que derrocó al presidente Jacobo Árbenz tras sus reformas agrarias que afectaban intereses como los de la United Fruit Company. Cuba (1961): en la fallida invasión de Bahía de Cochinos, fuerzas entrenadas por la CIA intentaron derrocar a Fidel Castro. Chile (1973) y otros casos: el apoyo a dictaduras o la intervención encubierta para instalar gobiernos más alineados con Washington fue una constante durante la Guerra Fría y más allá.
Las acciones de EE. UU. fueron muchas veces justificadas por el llamado Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe y la lucha contra el comunismo, creando un patrón de intervención militar y política en la región.





