Don Eusebio era un hombre gruñón.
Así lo conocían todos en el barrio: ceño fruncido, palabras cortantes y una mirada que parecía cargar inviernos enteros. Decía que la Navidad era una mentira, una ilusión para quienes no sabían estar solos. Cada 25 de diciembre cerraba las cortinas, apagaba las luces y dejaba que el silencio le hiciera compañía.

Pero nadie sabía que detrás de su amargura vivía una tristeza infinita.
Años atrás había perdido a su esposa y a su pequeño hijo en un accidente. Desde entonces, su corazón se cerró, y con él, su fe. Para Don Eusebio, Dios guardaba silencio… y la Navidad solo le recordaba lo que ya no tenía.
Aquella noche de Navidad algo fue distinto.
El silencio de su casa pesaba más de lo habitual. Sin saber por qué, tomó su abrigo y decidió salir. Caminó sin rumbo entre luces, villancicos y risas que le incomodaban… hasta que, al cruzar una calle, un resbalón lo hizo caer.
El golpe fue fuerte.
Mientras yacía en el suelo, el frío se le metía en los huesos y la vista comenzaba a nublarse. Pero entonces ocurrió algo inesperado: una familia se acercó. Un niño le tomó la mano, una mujer le cubrió el rostro con su bufanda y un hombre pidió ayuda. El niño le sonrió y le dijo:
—No tenga miedo, señor… Jesús lo ama.
En ese instante, Don Eusebio sintió algo que creía olvidado: calor en el alma.
Cerró los ojos y recordó una noche lejana, un pesebre humilde, una promesa de amor eterno. Entendió que la Navidad no era ruido ni regalos, sino un Dios que nace para no dejar solo a nadie.
Cuando llegaron los paramédicos, Don Eusebio ya no hablaba…
pero en su rostro había algo nuevo: una sonrisa serena, verdadera, llena de paz.
Esa noche partió.
No con amargura, sino con alegría. Porque en su último aliento descubrió la magia de la Navidad y el amor infinito de Jesús. Se fue sonriendo… como quien finalmente vuelve a casa.
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Feliz Navidad
Que incluso en la tristeza más profunda, el amor de Jesús encuentre un lugar para nacer.
✍️ Jesús Villalobos
🖋️ El Mundo Al Revés





